La voz de una egresada del programa intensivo de Sisti Dance

Platicar con alguien que ha transitado por un proceso formativo completo siempre abre una ventana a lo que significa aprender, equivocarse y volver a empezar. En Puebla, la escuela Sisti Dance ha sido desde 2005 un punto de encuentro para quienes buscan formarse con seriedad en distintas manifestaciones del movimiento.

El programa intensivo de formación integral está dirigido a quienes sueñan con vivir de la danza, combinando técnica, composición coreográfica y preparación escénica a lo largo de varios años. Quienes lo cursan se sumergen en un ritmo exigente, con clases diarias, ensayos y presentaciones que forman parte de su rutina habitual.

Para conocer de cerca cómo se vive esta experiencia, conversamos con Mariana, una joven bailarina poblana que recientemente concluyó esa etapa. Su historia resume las dudas iniciales, los momentos decisivos y los aprendizajes que deja una formación pensada para profesionales.

A lo largo de la charla repasamos desde sus primeros pasos hasta su actual integración a una agrupación que mantiene vínculos con la escuela. El diálogo refleja tanto la exigencia del entrenamiento como la red humana que se construye entre maestros, estudiantes y escenarios compartidos.

Los primeros pasos sobre el escenario

Mariana tenía seis años cuando su madre la inscribió en una clase de jazz infantil. Lo que empezó como una forma de canalizar su energía pronto se transformó en una manera de habitar el mundo. La música, el movimiento y la mirada del grupo se volvieron parte esencial de su infancia.

Con el paso del tiempo fue explorando otros estilos, atraída por la disciplina del ballet clásico y por la libertad expresiva de la danza contemporánea. Cada nuevo lenguaje le planteaba retos diferentes, desde la precisión del trabajo de puntas hasta la exploración del peso en el suelo.

Esa búsqueda la llevó también a incursionar en el hip hop y la danza árabe, ampliando un vocabulario corporal que más adelante resultaría decisivo. Para Mariana, la diversidad de enfoques se transformó en una aliada a la hora de construir una presencia escénica versátil y sensible.

La decisión de profesionalizarse

El ingreso al programa intensivo llegó al concluir la preparatoria, cuando Mariana ya tenía claro que quería dedicar su vida a la danza. Sabía que el camino implicaba horas largas, sacrificios y una exigencia técnica poco común, pero también intuía que ese era el espacio donde su vocación podría madurar.

El proceso de admisión le permitió entender la estructura del entrenamiento y las expectativas que la escuela tiene con sus estudiantes. Una vez dentro, sus jornadas se organizaron entre sesiones matutinas con el equipo de docentes, ensayos por la tarde y sesiones complementarias de acondicionamiento físico.

Más allá del trabajo en los salones, la formación contempla la participación regular en festivales, talleres y funciones abiertas al público. Esa exposición constante a públicos diversos fue, según Mariana, lo que le permitió dejar de lado los nervios iniciales y comenzar a habitar el escenario con naturalidad.

Disciplinas que dejaron huella

A lo largo del programa, Mariana acumuló recursos que hoy forman parte de su perfil como intérprete. Al preguntarle qué valora más de su paso por la escuela, menciona una combinación de aprendizajes técnicos, artísticos y humanos que la acompañan incluso fuera de los escenarios.

Las tres disciplinas que más huella dejaron en su formación fueron:

Reconoce además el valor del entrenamiento complementario, desde la improvisación hasta el trabajo con elementos como telas o velos. Esa variedad le dio herramientas para adaptarse a coreografías con propuestas estéticas muy distintas, una capacidad que hoy aplica en sus proyectos profesionales.

Maestros y maestras que dejaron huella

Detrás de cada bailarina en formación hay un cuerpo docente que acompaña, corrige y motiva. Mariana habla con cariño de las maestras que la guiaron durante los años más intensos del programa, así como de ciertos encuentros que marcaron puntos de inflexión en su camino.

Uno de esos momentos fue un taller impartido por una invitada con amplia trayectoria internacional, cuya visión sobre la composición coreográfica amplió su forma de entender la escena. La escuela suele acercar a sus estudiantes a figuras como Yanila Vigne, reconocida coreógrafa y directora cuya perspectiva dejó una huella profunda en Mariana.

En el día a día, el acompañamiento cercano de los docentes titulares fue clave para sostener la disciplina y resolver dudas técnicas. Mariana destaca que el trato personalizado permitió construir una relación de confianza, donde cada corrección se convertía en una oportunidad para afinar el cuerpo y la intención artística.

La vida después del programa y los nuevos retos

Tras egresar, Mariana se integró a una agrupación de danza independiente donde aplica lo aprendido y continúa su desarrollo profesional. Compatibiliza esta labor con proyectos de creación propia y con clases que toma como alumna avanzada, en una dinámica de aprendizaje permanente.

Entre sus planes más cercanos están:

También le interesa, más adelante, acompañar a estudiantes que recién comienzan y devolver a la comunidad parte de lo que recibió durante su formación. Cuando le pedimos un consejo para quienes piensan en inscribirse al programa intensivo, lo resume con sencillez: constancia, disposición para escuchar y paciencia con los propios tiempos. La danza, dice, recompensa a quienes se entregan al proceso sin prisa por llegar.

Si quieres conocer el programa o resolver dudas sobre admisiones, te invitamos a comunicarte con Sisti Dance y dar el primer paso hacia una formación pensada para quienes sueñan con vivir de la danza.